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Doble de cuerpo y alma
Un interesante montaje sobre el reflejo de la identidad

Crítica de espectáculos: Diario La Nación. Viernes 28 de noviembre de 2008


El otro Señor G. Escrita y dirigida por Alfredo Martín. Con Pablo Tiscornia, Fernando Bracalenti, Luis Aponte, Alfredo Martín, Raymundo Levy, Claudio Germán Rangnau, Pablo Casal, Guillermo Martín Giusto y Silvia Sánchez. Vestuario y utilería: Ana Revello. Diseño de iluminación: Magalí Acha. Música original: Gustavo Twardy. En La Ranchería, México 1153. Viernes, a las 23. Duración: 90 minutos. Nuestra opinión: buena

"Creo sinceramente haber interceptado muchos pensamientos que los cielos destinaban a otros hombres", decía el irlandés Laurence Sterne, citado por José Saramago en El hombre duplicado . ¿Qué ocurre cuando comprobamos que nuestras ideas replican simplemente las de otros? Y aun peor: ¿qué se siente cuando descubrimos que en lo físico y mental tenemos un ser gemelo, igual o semejante a nosotros? ¿Qué pasa cuando el concepto de identidad, ese espejismo de que somos únicos e incomparables, comienza a ser amenazado por la pesadilla de la disociación?
El tema ha sido tratado con riqueza y profundidad desde la literatura al psicoanálisis, dando lugar a obras muy recordadas. En la narrativa, uno de los que abordaron este tópico fue Fiodor Dostoievski. La novela El doble cuenta precisamente las desventuras de un opaco funcionario ruso que, en su lucha contra una burocracia estatal que lo posterga en forma constante, se encuentra con un doble que termina quedándose con su trabajo, su amada y hasta su criado.
Este es el texto que el actor, director y dramaturgo Alfredo Martín adaptó para la escena, en el que revaloriza desde lo psicológico los componentes de ambigüedad que ofrece la historia, en la cual queda siempre como interrogante si lo que ocurre es real o sólo un sueño teñido de delirio paranoico del protagonista. El relato transcribe también esa marca de ofensa y humillación al otro, tan típica de la literatura dostoievskiana y, de algún modo, anticipadora del universo de Kafka.
La puesta está concebida con pocos pero significativos elementos que, gracias al juego del color y los materiales usados, más el comentario lumínico, permiten diferenciar tres ámbitos nítidos: un zaguán palaciego armado con cortinas, una humilde vivienda y la oficina pública. La atmósfera es ominosa y sombría, como si buscara difuminar una y otra vez los límites entre lo onírico y lo real. La música y el vestuario son otros dos aciertos de este montaje.
En cuanto a la actuación, Martín -un actor muy interesante, aunque aquí sólo trabaje en un papel más que nada de apoyo- opta por los tonos contenidos, lo cual le da a la interpretación una aceptable línea de homogeneidad, pero le quita atractivo a algunas composiciones, en especial a la de Pablo Tiscornia, como Goliadkin. Fernando Bracalenti, claro que en un personaje más "servido", se muestra, en cambio, más en el doble. Y se destaca, sobre todo en la escena de la borrachera, Luis Aponte, en el Petrushka.
Alberto Catena

Blog Ciento Cincuenta Monos
Revista de literatura arte y critica
02 noviembre 2008

El otro señor G, de Alfredo Martín

El otro señor G es una adaptación escénica de la novela El doble, de Fyodor Dostoievsky. Tarea peliaguda transformar un clásico ruso del siglo XIX (el libro es de 1846) en teatro argentino del siglo XXI. Pero Alfredo Martín parece no temerle a los fantasmas de la traducción y los resultados de esa temeridad se pueden ver en La Ranchería.
El traslado de la novela es todo lo fiel que puede ser una adaptación escénica de ese tipo. Se conservan los personajes, dos actores bastante parecidos interpretan a Goliadkin y a su doble, hasta los nombres rusos han pasado a la obra.

El espacio, inteligentemente construido, funciona sucesivamente como la burocrática oficina donde trabaja el protagonista, como su casa, como un bar, como la casa de Andrei Filippovich donde se da una fiesta, etc. Esta mecánica espacial es correctamente acompañada por el diseño de luces que, incluso, genera momentos de extraña intensidad, como las danzas de sombras que suceden durante los apagones apenas iluminados con luces verdes.

Las actuaciones son correctas, destacándose Luis Aponte en una interpretación de Petrushka -el sirviente de Goliadkin- alejada del personaje dostoievskiano: lo que en la novela es recelo y menosprecio, aquí se convierte en desidia y en hastío. También son interesantes los trabajos de Bracalenti (el doble) con lo siniestro y el de Silvia Sánchez (Klara y la cantinera alemana).

Lo que no terminó de convencernos fue el extenso volcado del narrador a monólogos, que diluían la tensión dramática y dejaban un regusto “literario” nada oportuno. En contrapartida, los dos momentos más poderosos de la puesta (a nuestro entender) escapan a lo verbal-comunicacional: el canto en ruso con su respectivo baile que ensayan, un poco chispeados por el vodka, Goliadkin y su doble; y el opresivo círculo de hombres que asfixia al protagonista, apenas redondeados por un cenital, en una brevísima pero conmocionante escena.

Para aquellos que se preguntan cómo se pueden llevar al teatro las torturadas novelas del genio ruso, Martín ensaya una de las múltiples respuestas.El otro señor G puede verse los viernes a las 23:00 en La Ranchería (México 1152). Las entradas cuestan $20 y $12 para estudiantes.

Otro grito de Santiago

EL DOBLE FRENTE AL ESPEJO por Laura Ventura en www.culturar.com

Tiscornia y Bracalenti encarnan las dos facetas de un mismo personaje
Alfredo Martín realizó una adaptación de "El doble", de Fiodor Dostoievski, donde recrea aquel universo complejo de un personaje torturado por sus debates morales y frustraciones.

El doppleganger ("aquel que camina al lado") o el doble es un tópico de la literatura que ha obsesionado a autores a lo largo de los siglos desde los antiguos dramaturgos griegos, como Plauto, pasando por Edgar Allan Poe (William Williamson), Robert Louis Stevenson (El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde), y Fiodor Dostoievski, hasta el actual Paul Auster (Ciudad de cristal).

En el caso de Dostoievski y de su novela El doble, el planteo es el del desdoblamiento del ser que aparece reflejado en la dicotomía de un ser marginal y su otro “social” e idealizado, aquel que goza de respeto y capaz de lograr sus aspiraciones. Yakov Pretovich Goliadkin es un funcionario ignorado por sus compañeros e incapaz de concretar su amor con una bella joven. Hasta que un día se encuentra con su doble, quien logra en poco tiempo y con facilidad aquello por lo que tanto ha luchado, como un ascenso en aquella oficia de burócratas.

El otro señor G es la adaptación de Alfredo Martín de la novela de Dostoievski, protagonizada por Pablo Tiscornia, quien encarna a un personaje torturado en dilemas morales, que vive al borde del abismo, y Fernando Bracalenti, acompañados por un numeroso elenco. Las sólidas interpretaciones sostienen aquel texto complejo, plagado de alegorías en medio de un universo onírico. Luis Aponte supo aportar con su personaje del sirviente del protagonista una dosis de ternura e ingenuidad a la puesta.

La iluminación logra colaborar con la progresión narrativa y acompañar el clima de las escenas, así como también lograr la armonía de una puesta que siempre mantiene un ritmo constante.

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El otro señor G - Ayelen Graneros en www.enescenahoy.com.ar

"El otro Sr. G" es una adaptación teatral de la obra de Dostoievsky "El Doble".
El clima de incertidumbre y de locura que suele invadir a algunos personajes creados por el autor, por momentos, se logra.
La situación del protagonista, atrapado en su obsesión con el doble, es sutil durante toda la obra y se enfatiza hacia el final.
Aunque posee algunas imágenes muy bellas y simbólicas, es una obra donde predomina el texto en forma de monólogo introspectivo.
La utilización del espacio es estructurada pero denota algo de investigación, sobre todo al cominezo con la utilización del sonido real fuera de campo.
Es destacable la interpretación de la única mujer en toda la obra y la música, evocativa de aquella Rusia en donde transcurre la historia.
Recomendamos prestar atención a los guiños intelectuales. Éstos llegan a ser comentarios muy graciosos que amenizan la obra: "quién es la copia acá y quién el original". *

*Estas palabras de uno de los personajes, le dan una vuelta de tuerca a la obra. La actualiza, llevándola a una discusión característica del siglo XX en una obra de mediados del siglo XIX.

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Página 12 - Cecilia Hopkins - Sobre la identidad y las máscaras

Alfredo Martin, actor, director y médico psicoanalista, privilegió los aspectos más ambiguos del clásico de la literatura rusa.

Formado como actor con Raúl Serrano y Ricardo Bartis y con Mauricio Kartun en dramaturgia, Alfredo Martin –también médico psicoanalista– es el modelo del teatrista actual que, además de actuar, dirige y escribe las versiones de las obras que lleva a escena. De este modo, no es raro que cada año Martin participe en varios proyectos teatrales: además de retomar las funciones de El amor es un francotirador, con dirección de Lola Arias, en breve estrenará, dirigido por Héctor Levy Daniel, La inquietud de Madga Goebels, obra que forma parte de la trilogía Las mujeres de los nazis, del mismo Levy Daniel. Además tiene previsto estrenar en mayo, en el teatro El Búho, una obra de Christian Lange –Kiev– que desarrolla una historia de amor enmarcada en un tiempo de persecusiones antisemitas muy anterior al Holocausto: “La acción transcurre en 1911 –detalla Martin en una entrevista con Página/12–, una época en la que estos estallidos brutales se llevaban a cabo en algunos países de Europa con la connivencia de los poderes de turno, lo cual forzó a muchos judíos a huir a distintos países, como el nuestro. Incluso hubo aquí un pogrom durante la Semana Trágica”.

Por otra parte, Martin acaba de reestrenar en Elkafka (Lambaré 866) El otro señor G, una versión libre de El doble, novela de Dostoievski escrita en 1846, en la cual Yakov Goliadkin, un oscuro empleado público (interpretado por Pablo Tiscornia) intenta rebelarse ante la injusticia de no haber sido ascendido de puesto, alterando su habitual buena conducta. Pero ante la idea de que sus superiores se han aliado en contra de él, aprovecha la inesperada aparición de un hombre que es, a todas luces, su doble, para enfrentar lo que él supone un acto de conspiración. “La originalidad del doble que presenta Dostoievski consiste en que triunfa porque consigue su objetivo al suplantar al personaje central –analiza el director–; de este modo, la máscara reemplaza al original, que queda reducido a la nada”, concluye. Al parecer, éste, su último trabajo dramatúrgico, impulsó a Martin a examinar los diversos modos de presentación del tema de la aparición del doble. Así por ejemplo, el director sostiene que, en general, en su tratamiento literario ha habido “una asociación entre la presencia del doble y la alucinación, o el delirio o la enfermedad mental, como si la enajenación fuera la experiencia que sustenta su aparición.” Sin embargo detecta diferencias en variados ejemplos de la literatura y el cine.

–Como tópico recurrente en la literatura y el cine, ¿qué funciones suele cumplir la figura del doble, tomando algunos casos particulares?

–Los dobles aparecen con E.T.A. Hoffmanm en el siglo XIX, como el aporte alemán a la literatura gótica. Mas tarde Freud se apoyará en sus cuentos para analizar el universo de lo siniestro. En la popular Dr. Jekill y Mr. Hyde, de Stevenson, hay un desdoblamiento con un polo que condensa los aspectos negativos de la personalidad en tanto que acosa a la parte buena. Pero es una poción la que señala ese pasaje de un estado a otro, de modo que ambos seres nunca podrán confundirse. Otro ejemplo es El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde, donde hay un pacto implícito con el demonio en busca de la belleza eterna y donde la aparición del doble se da por medio de la animación de una figura en un cuadro.

–¿Algún otro ejemplo en la literatura y el cine contemporáneos?

–En El hombre duplicado, José Saramago, juega con una vasta herencia literaria sobre el tema y le da un giro a la historia, pero lo que se plantea siempre es algún tipo de antagonismo donde juega la violencia que implica la presencia de un igual. En la película El club de la pelea, por ejemplo, el otro señala un más allá de los límites, donde se realizan los deseos más oscuros, lo que provoca una captura narcisística sin salida.

–¿Cómo se explica en la obra la aparición del doble del funcionario Goliadkin? ¿Se trata de un relato fantástico o de un caso clínico?

–Dostoievski utiliza un procedimiento radical; aborda el problema de la escisión dejando de lado todo tipo de recurso literario de insinuación o indeterminación y pone en un contexto realista y naturalista a los dos componentes de la relación. Eso me parece un acto visionario porque permite indagar profundamente en los dos términos del conflicto desde el punto de vista dramático. El problema de verosimilitud del doble lo resuelve, en cambio, desde una perspectiva naturalista presentándolo como un caso clínico: Goliadkin está en tratamiento psiquiátrico desde el principio de la obra y es enviado al final al manicomio sin más contemplaciones.

–¿Cómo estaría caratulado hoy el mismo caso clínico?

–Para la psiquiatría de esa época, estamos hablando de 1846, el caso estaba catalogado como una manía persecutoria; hoy sería una variedad de esquizofrenia paranoide. Pero yo no quise darle en la versión un estatuto médico psiquiátrico, ya que con los elementos dramáticos había de sobra para entenderlo sin juzgarlo. Porque juzgar la conducta del personaje le resta peligro y limita las posibilidades de identificación con el público. Y de alguna manera tranquiliza las conciencias poniendo de un lado a los locos y de otro a los cuerdos.

–¿Qué privilegia en su versión?

–Yo preferí algo menos lineal. Por eso, en mi versión quedaron los términos más ambiguos y extraños del conflicto y apareció otra premisa del texto: la imagen que la sociedad busca en el espejo debe ser amable. Esto dio lugar a un hallazgo: las máscaras que aparecen en la oficina como distorsiones de la identidad, esas que ocultan al hombre y son las mismas que constituyen su identidad. Y ahí mismo teníamos una zona de pasaje: de la duplicación a la multiplicación para lo cual venía de perillas el andamiaje de la burocracia rusa de esa época, fiel reflejo del funcionamiento social. La historia se desenvuelve como si, en efecto, en el mundo coincidieran dos Goliadkin exactamente iguales entre sí, que conviven frente a la mirada de los otros. En mi versión está expuesta la idea de un mundo que es sólo para unos pocos, esa elite que en este caso está representada por la burocracia rusa con sus intrigas y sus escalafones. La rebelión de Goliadkin es la de alguien que queda afuera y un día decide acceder sea como fuere. Pero una máquina totalitaria lo despojará de todo, aun de su propia identidad.

Link a Página 12

CRÍTICA: Teatro en Off Side Daniel Gaguine Noticias Urbanas

El Otro señor G.
Calificación: **** MUY BUENA

De Alfredo Martín. Con Pablo Tiscornia, Fernando Bracalenti, Luis Aponte, Alfredo Martín, Raimundo Levy, Silvia Sanchez, Claudio Rangnau, Guillermo Martín Giusto y Hernán Sebastiani.Vestuario y Utilería: Ana C. Revello, Escenografía: Alejandro Alonso. Luces: Magalí Acha y Fernando Berreta. Musica: Gustavo Twardy. Direccion Alfredo Martín.El Kafka Lambaré 866. Sábados 23hs.
Yakov Goliadkin es un funcionario del montón dentro de la burocracia rusa. Busca ascender con una vacante, así como el amor de una mujer. Ante la incertidumbre intenta rebelarse a su destino pero la aparicón de su igual -pero no tanto- , hace que cambie toda su existencia. Hay un desdoblamiento del ser que deja de ser único y se manifiesta de manera subrepticia como la sociedad utiliza al conveniente, desterrando sin piedad a aquel que no le es útil. Pablo Tiscornia y Fernando Bracalenti son las dos caras de un ser al que componen con soltura y sobriedad. La creación de climas y situaciones son muy bien resueltas por una escenografía e iluminación de nivel. Inspirada en El doble de Fiodor Dostoievski "El otro señor G."establece una crítica a la sociedad estructurada y burocrática donde prima la utilidad del individuo por sobre todas las cosas.
Bs As 13 diciembre del 2007

CRÍTICA: Diego Braude, Imaginacion Atrapada

"El otro señor G." Hombres como fusibles que sueñan
por Diego Braude jbraude@ciudad.com.ar
Autoría y Dirección: Alfredo Martín
Intérpretes: Luis Aponte, Fernando Bracalenti, Guillermo Martín Giusto, Raymundo Levy, Alfredo Martín, Claudio Rangnau, Silvia Sanchez, Hernán Sebastiani y Pablo Tiscornia.
Vestuario: Ana Crevello Escenografía: Alejandro Alonso Diseño de luces: Magali Acha, Fernando Berreta Música original: Gustavo Twardy Utilería: Ana Crevello Diseño gráfico: Julieta Selem Asistencia de dirección: Pablo Casal, Christian Lange Fotografía: Ezequiel Mazariegos Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin.
ElKafka Espacio Teatral, Lambaré 866, Teléfono: 4862-5439
Web: http://elkafkaespacioteatral.blogspot.com/
Entrada: $18,00 / $12,00 - Funciones: Sábados - 23:00 hs - Hasta el 15/12/2007. Vuelve con funciones en el mismo horario el 16/02/08

Goliadkin (producto de la imaginación de Dostoievski allá por la mitad del siglo XIX), es un empleado más dentro de la gigantesca y creciente burocracia rusa. Ha sido ignorado para un ascenso, pero eso no es de extrañarse: es de excederse en la bebida, tiene mal carácter, es medio holgazán y hasta se da el lujo de ciertos momentos de arrogancia. Se inicia la obra, y Goliadkin incurre en su última falta antes de los hechos.
Goliadkin ve conspiraciones; no lo quieren, lo alejan, sobre todo algunos personajes en particular, sobre quienes el deposita un odio que calla hacia fuera. Goliadkin quisiera ser otro, pero es quien es, y no puede con su genio. De esa combinación extraña, pareciera nacer un Otro, otro Goliadkin, uno más educado, inteligente y seductor, sin mencionar, además, más efectivo y trabajador.
Espacios sin fronteras en el espacio escénico, los actores cruzan, trabajando por estaciones. Pero todo lo demás es trabajado de forma realista, y entonces esos saltos vulneran la realidad de esas paredes invisibles que separan. Goliadkin va de su casa pobre, donde maltrata a su criado, a la oficina, donde es ignorado por sus compañeros de trabajo, al bar, donde bebe solo.
La idea del doble aparece en la narrativa occidental en el momento donde el proceso de individuación empieza a acentuarse. La introducción de un igual duplicado contradice esa individuación: no hay irreemplazables, nadie es único; es el reflejo del espejo que decide escapar de él y hacernos frente. En el mundo burocrático, esto se acentúa, y entonces es como si Dostoievski se anticipara al propio Kafka.
El protagonista ve crecer la figura de su Otro. No es la idea de un clon, sino como si un elemento de su yo se hubiera escindido, alejado de él, convirtiéndolo en sombra, y se hubiera aliado con sus enemigos.
Todo en la vida de Goliadkin se va desmoronando. Esencialmente, va desapareciendo. Es el gigante burocrático que se lo traga, lo disuelve, porque sin su puesto, no es nada. Reemplazado, mejorado, ya no hay necesidad para el Goliadkin imperfecto. El origen del personaje Otro, se convierte él mismo en el superfluo, el virtual. ¿Literatura fantástica? ¿mera locura del protagonista?
El tiempo transcurre, se estira, se expande, como una caída en cámara lenta. Es una noche calurosa y los actores lo están sufriendo. Pero, simultáneamente, ese aspecto indeseado apoya la estructura de Dostoievski, que es como el empapelado amarillo del cuarto de hotel de “Barton Fink”, que se desprende como si las paredes sudaran.
La inestabilidad final no es más que la constatación demencial de las sospechas de Goliadkin, o de la restauración del orden de un relato fantástico. El horror de Goliadkin es ser no más que un fusible que si estalla, nadie se entera; es desaparecer, miedo, terror que, casualmente, el mismo alimenta y vuelve real, pero entonces ¿Quién es el que está dentro del espejo y quién afuera?

Eva Matarazzo, Casting Porteña

Muchos autores literarios han tratado el tema del “Doble“. En las leyendas nórdica y germánica, ver el propio Doppelgänger es un augurio de muerte (Molina Foix 2007: 12). Un Doppelgänger visto por amigos o parientes de una persona puede a veces traer mala suerte, ser un mal augurio o una indicación de una enfermedad o un problema de salud inminentes. Según escribió el dramaturgo sueco Strindberg, El que ve a su doble es que va a morir (Lecouteux 1999: 8).

Los Doppelgänger del folclore no proyectan sombra y no se reflejan en espejos ni en el agua. Se supone que dan consejo a la persona que imitan, pero este consejo puede ser engañoso o malicioso. En raras ocasiones, también pueden inculcar ideas en la mente de la víctima o aparecerse a amigos y parientes, creando confusión.

En la literatura anterior al romanticismo el tema del Doble aparece prefigurado en el tema del sosias o de los gemelos, utilizado para lograr un efecto cómico en obras como las comedias sobre Anfitrión de Plauto o Molière o La comedia de las equivocaciones de Shakespeare.

El romanticismo se interesa por el fenómeno del Doble como materialización del lado oscuro y misterioso del ser humano (lo que Jung llamará la Sombra). Mario Praz (1988: 427) sugiere que cuando el público llama Frankenstein a la criatura del doctor Frankenstein no está tan equivocado como parece, pues el monstruo es de algún modo un desdoblamiento de su creador. En Los elixires del diablo, de E. T. A. Hoffmann, Medardo, el protagonista, sufre la persecución de un Doble que en ocasiones es corpóreo, pero otras veces parece una parte escindida de la psique del propio Medardo.

Fiodor Dostoyevski indaga en los recovecos de la mente del protagonista de su novela, Yakov Petrovich Goliadkin, para concebir un interesante texto, que se adelanta a su tiempo, proponiendo una mirada profunda sobre el ser y su entorno social.

Yakov decide terminar con su presente anónimo de empleado público de la burocracia rusa. Lo han ignorado en su escalafón, ascendiendo a otra persona en un puesto vacante, situación que precipita su deseo de rebelarse. Pasa a la acción “alterando” su vida abruptamente, intentando realizar lo que hasta ese día era solo un sueño del porvenir.

Se propone ascender en la escala social, intentando abordar a la hija de su jefe y comete un par de imprudencias y escándalos, que lo colocan en una situación ridícula, de desprestigio y reprobación social. Herido en su amor propio, se siente despreciado e intuye una conspiración urdida en su contra por sus superiores y compañeros y en ese momento se le aparece materialmente un doble, “un impostor”. A partir de este hecho insólito, su fantasía crece y se superpone a una realidad que se torna amenazadora. El protagonista intentará acercarse a su duplicado, para aliarse y hacer frente a quienes imagina como sus enemigos, vengándose de ellos; pero en ese intento será traicionado por este mismo personaje/duplicado, quien terminará doblándolo.

La usurpación de su personalidad por parte de ese “otro” terminará alejándolo del mundo social y convirtiéndolo en una “no persona”.

La adaptación teatral de esta novela de Dostoyevski, realizada por Alfredo Martín, quién también dirige la pieza, hace hincapié en la subjetividad y en los aspectos de ambigüedad provocados por aquel doble que ocupará el lugar del protagonista. Es interesante el juego dado entre ficción y realidad. Al mismo tiempo el clima por momentos onírico, que sumerge al espectador en esta mente oprimida por los acontecimientos que intenta evadir .

Se destaca también el desempeño actoral de todo el elenco, que logra sostener una pieza difícil, dando espacio a lo lúdico y a la creación de cada personaje.

Agencia de Noticias Sudamericana

Goliadkin y yo

“Todo llega a su debido tiempo si uno sabe esperar”, espeta irónicamente el señor Yakov Pretovich Goliadkin, triste funcionario público en Rusia cuyo puesto en el escalafón saltean las autoridades ante la designación para una vacante. Calculador, miserable y paranoico, el protagonista de “El otro Señor G” cree que sus compañeros urdieron una conspiración en su contra y truncaron su ascenso. Y su psiquis se resquebraja cuando se dispone a una batalla que lo sume en el ridículo y la decadencia.

Al abandono en que Goliadkin empuja los prospectos soviéticos del buen comportamiento sucede el desprecio general que insufla nuevos argumentos en la percepción del mundo con que analiza los hechos. Llaga hedionda y sin sutura, su reacción ante el injusto nombramiento supura lo peor de sí mismo y las personas que lo rodean, tal como su mente las construye.

Y es que la adaptación que hace Alfredo Martín sobre “El Doble”, novela que escribiera Dostoievski, le muestra al espectador la viscosa y fría pesadilla en que se hunde Goliadkin a medida que su recelo crece. Pero también la maliciosa indiferencia con que la sociedad saborea el desplazamiento del delirante y el cálido cobijo con que agasaja a los adulones.

Tema recurrente de la mejor literatura, el problema del desdoblamiento y la escisión entre el sí mismo y el otro recrudece con el avance de la historia. Así, Goliadkin se pregunta y repregunta si acaso no se trata de máscaras que se esconden debajo de otras máscaras, y enuncia su pavor ante la posibilidad de que tras el último velo no exista nada.

Como el alter ego de Jorge Luis Borges, el otro Señor G se nutre y vive del original, come sus pasteles y se deleita con la belleza de la princesa que ama el auténtico. Por momentos, Goliadkin tiene la certeza de que él trabajó y ascendieron al impostor, quien se emborracha a costa de su resaca y progresa cuanto más lo asfixia.

Ambulaciones y extravíos infinitos profundizan el abismo que separa al protagonista de su entorno, y lo ahogan en sus propias cavilaciones. Del palacio en San Petersburgo a su modesto hogar y del bar a la oficina del trabajo la duda que lo aguijoneará permanentemente será “cuál es el verdadero Goliadkin”, si es posible que alguno sea de veras quien es.

Mabel Loschiavo, "La vida de noche" Radio Belgrano

El protagonista de “El otro señor G”, Yakov Petrovich Goliadkin, es un funcionario tranquilo, dedicado a su trabajo, al que le corresponde un ascenso en el escalafón. Pero por circunstancias que ignora, comienzan a relegarlo y no es tenido en cuenta.
En esos momentos aparece un nuevo empleado en la oficina, que para el asombro de Yacob “es su doble” y al que en un momento de confidencias, le pide aliarse para hacer frente a sus enemigos.
De ahí en más, son tantas las presiones, que llevan al protagonista a cometer excesos y colocarse en el centro de las miradas y las críticas.
Esta adaptación se sostiene en un personaje ambiguo, que se concreta en otro (su desdoblamiento mental y real), con sus anhelos, ambiciones y hasta sus defectos.
Con una puesta minimalista, que logra captar el ambiente social de la Rusia del siglo XIX, sus contrastes y rasgos culturales (música, canciones, bailes, costumbres), apoyada por la iluminación que orienta y refuerza el relato.
Muy buenas las actuaciones, consiguen involucrarnos en los conflictos más profundos y en la creciente tensión de sus personajes.

Mabel Loschiavo

Revista cartelera
"La vida de noche" Radio Belgrano (de lunes a viernes de 1 a 5 de la mañana.)
Crítica de espectáculos
Diferentes matices ( A.M 1120 A.M Tango)
Conducción

Gabriel Peralta, Critica Teatral

El otro señor G

Los dobles y la sociedad
Un texto de Fiódor Dostoyevski es el punto de partida de la obra de Alfredo Martín

Tomada como punto de partida la novela “El doble” (1846) de Fiódor Dostoyevski (1821-1881), la obra escrita y dirigida por Alfredo Martín El otro señor G, indaga en el apasionante tema de los paralelos, de los espejos, de la identidad.
El trastrocamiento que se produce en la vida de un individuo, cuando deja esa condición de ser único, es tratado de tal forma por Martín que no deja de lado el mostrar a una sociedad negadora e insensible. La verdad, para esa sociedad, pasa por reconocer como cierto al acomodaticio y ventajista, que responde, festeja y cumple todos los canones sociales (con sus lacras incluidas), en vez del que se encuentra insatisfecho y lo expresa. Así uno quedará acreditado como “verdadero”, y el otro se lo condenará –en una hipócrita piedad- al exilio de la locura.
El director con acierto crea un espacio único que contiene tantos mini-espacios como requiera la obra, logrando de esta manera una perfecta ilación que agiliza la trama y sumerge al auditorio en un universos de limites poco establecidos y con permanentes conexiones.
Las actuaciones son buenas, destacándose Pablo Tiscornia (que elude caer en lugares comunes en su progresiva confusión), Fernando Bracalenti (hipócritamente adorable) y Luis Aponte (recurriendo a una simpática picaresca).
Como dije es muy bueno el diseño espacial ideado por Alejandro Alonso.
El vestuario de Ana Crevello, también es muy bueno, porque a la par que ubica temporal y geográficamente a la pieza, muestra –por elección de paletas y texturas- un mundo oscuro, estudiadamente pulcro y correcto; demasiado ocupado en cuidar las formas.
Por momentos son muy bellos los climas creados por el diseño lumínico de Magali Acha y Fernando Berreta.
Los recovecos de la identidad, la sociedad y sus elecciones, en una obra de lograda estética.

Gabriel Peralta

CRÍTICA: Jorge Auditore, Radio Cultura y FM Palermo

EL ABISMO SIN RETORNO

Un encomiable espectáculo, “de atmósfera” , de clima progresivamente asfixiante, sin golpes bajos, efectismos o pedanterías de puesta, claro y conciso.

Se limita a contar con rigor, en su esencial desnudez, la historia trágica de un hombre condenado por las circunstancias a enfrentarse con “su doble”.

La mediocridad de su entorno lo conduce a una caída vertical al fondo del abismo, al desprecio y la humillación, a la soledad absoluta, ese lugar desde el cual el retorno al punto de partida (su oscura vida de empleaducho) es imposible.

Un relato genial de Dostoievski adaptado al idioma teatral y dirigido con entendimiento profundo y sensibilidad por Alfredo Martín. El elenco (Raymundo Levy, Claudio Rangnau, Alfredo Martín, Hernán Sebastiani, Guillermo Giusto y Silvia Sánchez) se desempeña a la altura de la situación, especialmente, Pablo Tiscornia, entregado a ese juego de masacre con singular candor, vehemencia y “angel”; a su lado no desentonan Fernando Bracalenti (exacto en su siniestro aplomo). Y Luis Aponte, joven actor que exhibe condiciones destacables.

Jorge Auditore, Radio Cultura y FM Palermo